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Cómo afrontar la adversidad

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Siempre he sentido una curiosidad por descubrir cuál es la virtud que permite a algunas personas salir avantes ante la adversidad y surgir fortalecidas por ella, mientras otras se dejan vencer por las circunstancias. ¿Te has preguntado de dónde proviene esa fuerza interior que te impulsa a dejar atrás fracasos, errores y malos momentos para iniciar de nuevo? ¿Será a causa de la educación, la familia, las oportunidades, el ejemplo? ¿Será la necesidad de resolver situaciones complejas de manera cotidiana lo que nos da más armas para pelear contra el desaliento? Todos estos elementos aportan una parte de la respuesta, pero no son por sí solos una explicación.

Hace poco tiempo me topé con el término “resiliencia”. Como podrás descubrir en cualquier diccionario, esta palabra se emplea en la ingeniería y describe la capacidad de un material para recuperar su forma inicial después de haber sido sometido a una presión que lo ha deformado.

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Este concepto se puede aplicar a los seres humanos: a la habilidad para recuperarnos después de que las crisis o el dolor o los malos momentos han dejado en nosotros abolladuras de muy diversos tipos y profundidades. Esta habilidad se describe de distintas formas, pero la idea dominante en quienes hablan sobre el tema es que este impulso proviene de la conciencia de que todo tiene un sentido, de que tarde o temprano todo estará bien.

La resiliencia nos sirve tanto en las pruebas más comunes (la pinchadura de una llanta pudiera ser un ejemplo), como en aquellas que pueden transformar nuestra vida de manera profunda (una enfermedad, problemas financieros, una catástrofe natural, la pérdida del trabajo o la muerte de un ser querido, entre otras).

Se aprende, no se hereda

Confianza y optimismo son dos características que comparten quienes poseen resiliencia emocional. Me dio gusto saber que, a pesar de que haya quienes la poseen en abundancia de manera natural, la resiliencia es algo que se aprende.

No es de extrañarse pues, si lo pensamos bien, todos los días nos encontramos con lo inesperado, lo incómodo, lo doloroso o con eventos que nos toman por sorpresa y ante los cuales no sabemos bien a bien cómo reaccionar. Lo importante es entender que podemos aprovechar estas pequeñas crisis de todos los días para fortalecer nuestra habilidad para enfrentar problemas.

El punto de mayor valor que descubrí al investigar este tema fue la noción de considerar todo momento difícil como una puerta hacia nuevas posibilidades, como un obstáculo posible de vencer en el camino hacia la meta, como una oportunidad de aprender de qué estamos hechos y tomar nota de nuestros aprendizajes para crecer paso a paso.

Tips para enfrentar la crisis y ser resiliente

  • Conserva la calma: Encuentra los medios y las herramientas para conquistar un estado de tranquilidad; puedes anticipar lo que harías para lograrlo.
  • Analiza la situación y actúa: Con mucha frecuencia, las acciones que emprendemos de forma inmediata ante una crisis son trascendentes. Considera que es mejor equivocarse que no tomar decisiones, y actúa con firmeza.
  • Confía en tu capacidad para salir adelante: El consejo y el apoyo de quienes nos rodean son importantes, pero nada sustituye tu propia visión y tu sentir sobre una situación. Recuerda las muchas ocasiones en que has superado circunstancias adversas para construir la confianza en tus capacidades.
  • Encuentra el lado bueno de las cosas: Aun los problemas más serios encierran aspectos positivos; esfuérzate por encontrarlos.
  • Toma un día a la vez: No trates de resolver todo en un mismo momento. Los obstáculos disminuyen de tamaño cuando los divides en elementos que puedes superar uno a uno.
  • Desahógate: Encuentra la forma de externar tus sentimientos, frustraciones, miedos y anhelos. Nuestros seres queridos son ciertamente una posibilidad, pero también existen el arte, el deporte y el contacto con la naturaleza para lograrlo.
  • Atrévete a tomar nuevos caminos: No temas probar opciones distintas a las que has experimentado; recuerda que el cambio es una fuente segura de crecimiento.

¡Imagina qué tan lejos puedes llegar si, al superar cada obstáculo, aprendes más de ti, de los demás y de la vida!

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