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Bullying y diabetes.

Lo más fácil al abordar este tema, sería darte una serie de consejos basándome en lo que supongo que yo haría si mi hijo imaginario, […]
Escrito por: Nelly Flor
Bullying y diabetes.

Lo más fácil al abordar este tema, sería darte una serie de consejos basándome en lo que supongo que yo haría si mi hijo imaginario, o yo misma hubiera sufrido bullying. Pero la realidad es que no he estado en esa situación, porque si bien mis hermanos y primos, y alguna compañera de la escuela me llegaron a molestar en diversas ocasiones, lejos están de compararse mis experiencias pasadas, con el presente que hoy podrían estar viviendo algunos de sus hijos por el hecho de tener diabetes o alguna otra condición, o simplemente por haber coincidido en la vida con un bulleador.

Por esta razón, decidí escribir este post después de platicar con algunos expertos y de haber realizado una investigación, de manera que mis letras puedan ser empáticas… y más allá de eso, verdaderamente útiles.

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No siempre ni en todos los casos se puede determinar la conducta de un niño como bullying, sobre todo cuando hablamos de pequeños de corta edad que en realidad están aprendiendo las normas de convivencia social y que los conceptos de lo “bueno” y lo “malo” aún no se encuentra en sus marquitos de referencia.

El bullying se puede dar por diversas razones, sin embargo, se ha comprobado que la mayoría de las veces se aprende en casa; ya sea de los padres, de los hermanos, primos y/o tíos que se relacionan de manera agresiva directamente con el niño bulleador, quien en su posición de desventaja se siente desarmado, vulnerable e indefenso y entonces a la menor provocación y en cuanto tiene la oportunidad, ataca a alguien que a sus ojos se encuentre en posición de desventaja, desarmado, vulnerable e indefenso.

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Esta manera agresiva de convivir y de relacionarse, lamentablemente se va integrando al pequeño individuo como un “valor”, haciendo de esta conducta algo “normal” debido a que es para éste, algo “normal”, pues es prácticamente, lo que mama en casa.

Es importante subrayar entonces, que un niño bulleador no dejará de serlo a base de palos, ni de castigos o represiones agresivas, porque la violencia no cesa con violencia.

Todo lo anterior nos permite entender al pequeño ser humano bravucón, sin embargo, la gran pregunta es, ¿qué se puede hacer cuando nuestros hijos son los bulleados?

Lo más importante es, por un lado, brindarles la confianza y seguridad para que te cuenten sus preocupaciones y problemas; y por otro lado, promover constantemente en tus hijos su propia seguridad y una buena autoestima. Es su fuerza interna la que los hará dominar este tipo de situaciones.

Reafirmar positivamente en ellos el concepto que tienen de sí mismos, el cual no se logra llenándolos de halagos y elogios, porque de esa manera sólo se atienden temas superficiales.

Apoyándome un poco con alguna analogía, digamos que el autoconcepto y el autoestima son los exhaustos estudios del subsuelo, los profundos cimientos, los cálculos relacionados al peso y la altura, los gatos hidráulicos, etcétera, que un edificio necesita para que cuando venga el canijo lobo a soplarle no se derrumbe ni se tambalee.

La fortaleza interna se construye en base a la confianza y seguridad que los padres depositan en sus hijos, responsabilizándolos de sus acciones y de la elección de sus propias decisiones; tomándolos en cuenta y tratándolos como personitas pensantes.

En vez de formar en ellos un autoestima externa (que es muy frágil) diciéndoles lo que quisieran escuchar, pues lejos de crearles un autoestima positiva, de esta manera, se les da sólo un “reforzador condicionante” que esperarán tener toda su vida y cuando nadie se los dé, será devastador; es mejor enseñarles a forjar su autoestima interna promoviendo en ellos la autocrítica con preguntas como: -¿te gustó tal o cual cosa?, ¿por qué te gustó?, ¿qué mejorarías?, etcétera, así les estamos proporcionando una armadura de acero inoxidable anti bullying.

El autoestima de los pequeños y de los grandes, no está definida nunca; se construye todos los días. Y aunque la labor de los padres es fundamental, siempre, aún siendo adultos, la podemos fortalecer, para lo cual, la ayuda de un profesional que nos brinde las herramientas necesarias, es elemental.

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