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No soy “Mercancia Dañada”

Por: Nelly Flor 13 Ene 2017
Fue una mañana, cualquier día de esta semana, durante el trayecto que hice de mi casa hacia el supermercado en mi coche, con la ventana abajo, […]
No soy “Mercancia Dañada”

Fue una mañana, cualquier día de esta semana, durante el trayecto que hice de mi casa hacia el supermercado en mi coche, con la ventana abajo, disfrutando del viento fresco de la temporada, el sol en la cara, mis gafas de corazón tipo “Lolita” bien puestas, con la radio encendida, de manera que, sin saber y querer, coincidí con la frecuencia de 1110 de am (soy de la media de la población joven que aún escucha el radio), donde una mujer hablaba de relaciones tóxicas (tema del que ya escribí hace un par de meses), así que captó mi interés y toda mi atención. Como en película, parecía todo perfectamente planeado para que, justo cuando llegara a mi destino, el programa de radio terminara. Me bajé de mi coche, entré al súper, me percaté reflexiva, y que de todas las cosas interesantes que acababa de escuchar, en mi mente permanecieron dos palabras con muchísimo eco: – “Mercancia Dañada”…

Entonces, sacudí la cabeza y recordé el motivo por el cual estaba ahí. Planeaba hacer Mutabal, que es una crema de berenjenas, y es que no estas para saberlo pero desde que tengo memoria, la comida favorita en mi casa, es la árabe, libanesa, judía…  Estaba en eso de escoger berenjenas, pensando lo magulladas que estaban algunas, cuando volvieron a mi mente las palabras mágicas “Mercancia Dañada”. Sentí que era un momento en el que, si efectivamente mi vida fuera una película, se aproximaría algún dependiente del supermercado y me diría “EURECA”.

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Cuando todo comenzó, en relación a la diabetes, así me sentía. Como una mercancía dañada a causa de mi guerra interna, de mi falta de aceptación, de la tristeza y la infinita carga emocional que llevaba en los hombros por no saber, ni mucho menos entender que la diabetes es una condición y no una enfermedad, y que por lo tanto, mi vida no sería una catástrofe.

Las consecuencias fueron varias, como aceptar condiciones laborales no muy óptimas; como también, depositarle toda mi energía a una relación que desde un principio no me hacía del todo feliz… Pero ¡claro!, ¿cómo iba a atraer lo bonito de la vida, si no me sentía merecedora?

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Ahora que lo puedo ver, se acomodó algo dentro de mi, y lo escribo y lo comparto, por si también se acomoda algo dentro de ti.

…y bueno, la receta del Mutabal, queda pendiente para un próximo post.