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¡Viajar sana! No lo digo yo, lo dice la ciencia.

Por: Nelly Flor 24 Jun 2016
Si algo puedo presumir, es que tengo a los mejores amigos del mundo a mi lado desde los 12 años de edad, por lo que […]
¡Viajar sana! No lo digo yo, lo dice la ciencia.

Si algo puedo presumir, es que tengo a los mejores amigos del mundo a mi lado desde los 12 años de edad, por lo que me siento la muy muy. Sin hacer cuentas, estoy hablando de una larguísima e imperecedera amistad. Somos un GRAAAN grupo, y por “gran” me refiero a un adjetivo calificativo, cuantitativo, relacional y determinativo, puesto que estoy hablando de veintitantos chatos, incluyéndome, con quienes he compartido infinitas experiencias memorables. Te presumo esto a cuenta de lo que hoy quiero compartir.

Mi dulce vida no siempre fue muy dulce, cuando recién me diagnosticaron obviamente caí en depresión y me hacía la valiente, pero fueron mis verdaderos amigos, los que supieron que estaba quebrada pues veían a otra Nelly. Estaba apagada, realmente le tenía terror a lo desconocido y añoraba tiempos pasados.

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Por esas fechas, uno de mis mejores amigos, había decidido irse a Oaxaca a pasar año nuevo en la playa alejado de todo y de todos, menos de mí. Así que, en vez de comprar un boleto para volar a Puerto Escondido, compró dos boletos de autobús para llevarme lejos con él. Prácticamente, me dio la noticia en la puerta de mi cuarto, abriendo una maleta con ambas manos, señalándome con los ojos mis cajones, como diciendo “agarra tus chivas que nos vamos, y no es pregunta”. Yo con el ánimo de una morsa y sin fuerzas para revelarme-oponerme-negarme, asentí con la cabeza, arrastrando las pantuflas, sólo le obedecí; y así emprendimos un viaje que dizque duraría 16 horas y que terminaron siendo 22 con destino a Puerto Escondido vía terrestre, lo cual fue perfecto para mí, pues, era tiempo de sueño que no podía dejar perder.

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“La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar”.

Ese viaje cambió todo. No sé si influyó estar al nivel del mar, la altura de PuertoEscondido, la falta de estrés, la comida rica, la gente hermosa de Oaxaca, los bailes con desconocidos, mi mejor amigo y su gran talento para hacerme reír o “todas las anteriores”, para que mis niveles de glucosa empezaran a mejorar. Siempre me ha gustado viajar, pero desde esta gran experiencia a Oaxaca, descubrí que viajar es otra manera de aliviarse.

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“Cuando puedas viaja, no para escapar de la vida, sino para que la vida no se te escape”.

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