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La ciencia respalda: no a la venta de chatarra en escuelas

Por: Diabetes Juntos x ti 04 Ago 2010
El aumento de los índices de obesidad y Diabetes en niños es alarmante.
La ciencia respalda: no a la venta de chatarra en escuelas

chatarraSegún el Instituto Nacional de Salud Pública, la Encuesta de Salud y Nutrición de 2006 (ENSANUT 2006), es la prueba del alarmante incremento de la obesidad en los niños de edad escolar, pues esta condición aumentó de 18.4 % en 1999 a 26.2 % en 2006, es decir, a razón de 1.1 punto porcentual por año.

Por ello, el Gobierno Federal presentó el "Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria: estrategia contra el Sobrepeso y la Obesidad", en donde la Secretaría de Educación Pública (SEP), con apoyo de la Secretaría de Salud (SSA) propone, con ayuda de expertos en la materia, los Lineamientos Generales para el expendio o distribución de alimentos y bebidas en las cooperativas escolares. Y es que según algunos especialistas, las escuelas en México  fomentan un entorno "obesogénico".

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La estrategia Mundial de la Organización de la Salud (OMS, 2004) propone: "Para proteger la salud de los escolares, la escuela debe promover una alimentación sana, así como la actividad física. Se alienta a los gobiernos a que limiten la disponibilidad de productos con alto contenido de sal, azúcar y grasas." Los Lineamientos que se proponen son:

  • Que la principal bebida hidratante sea el agua.
  • Que se fomente el consumo de frutas y verduras.
  • Desestimular el consumo de bebidas endulzadas (refrescos, jugos, néctares y otras bebidas que contienen endulzantes calóricos) y alimentos con alta densidad de energía (botanas, galletas, pastelillos industriales, entre otros alimentos).

Para alcanzar este objetivo es importante que los Lineamientos definan ciertas características de los alimentos, entre ellas, señalar los límites del contenido de calorías para los productos de alta densidad de calorías (>275 Kcal/100 gr) y recomendar la reducción gradual de grasas de riesgo, azúcares añadidos y sodio en los alimentos consumidos por los niños, de acuerdo a las recomendaciones de la OMS y otros organismos internacionales de salud.

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Los comités de expertos de la OMS y el World Cancer Research Fund afirman que hay evidencia científica suficiente para argumentar que el riesgo de obesidad aumenta con el consumo de bebidas azucaradas. Es importante mencionar que México es uno de los principales consumidores mundiales de bebidas endulzadas, según la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas. En 2007 los mexicanos consumimos 160.1 litros de refresco por persona por año. Esto se traduce en que las bebidas endulzadas representan 27.8 % y 20.7 % del consumo diario de calorías en niños pre-escolares y escolares, lo cual muy posiblemente fomenta el desarrollo de obesidad.

El uso de edulcorantes no calóricos para disminuir el consumo de energía en la población adulta está justificado. Sin embargo, su uso en alimentos y bebidas consumidos por niños es totalmente desaconsejable, pues falta  evidencia sobre su inocuidad cuando el consumo se inicia en edades tempranas. Finalmente, el gusto por el sabor dulce es un hábito que se aprende en etapas tempranas, por lo que consumir alimentos y bebidas con edulcorantes artificiales no permite que los niños disminuyan su gusto y el consumo de alimentos y bebidas dulces.

El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) asegura que el cálculo de los requerimientos de energía durante el refrigerio de la escuela está basado en evidencia científica publicada, tanto para las calorías totales, como para los niveles de actividad física. Además, considera que el refrigerio escolar en México no es una comida principal, por lo cual hay que asignarle menos calorías que las que se calculan para una comida de dicha importancia. Las combinaciones de alimentos sugeridos en los Lineamientos están basadas en una Norma Mexicana ampliamente aplicada, conocida como el Plato del Bien Comer .

Los Lineamientos generales para el expendio o distribución de alimentos y bebidas en los establecimientos de consumo escolar de los planteles de educación básica, presentan por primera vez una normatividad basada sólidamente en evidencia científica y en buenas prácticas de salud pública, e introduce un principio de orden en medio del desorden que rige la alimentación en las escuelas de educación básica.

Lo demás deberá ser trabajo de los padres, pues no sólo en la escuela lo niños están en contacto con la comida chatarra.

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