Nuestros sitios
Compartir

Dependencia al tabaco

Por: Diabetes Juntos x ti 16 Dic 2015
Algunas personas usan el cigarro para relajarse o como satisfacción inmediata; sin embargo, la falta de nicotina puede producir angustia, ansiedad y depresión. La dependencia […]
Dependencia al tabaco

Algunas personas usan el cigarro para relajarse o como satisfacción inmediata; sin embargo, la falta de nicotina puede producir angustia, ansiedad y depresión. La dependencia al cigarro no es difícil de romper si se conocen las emociones detrás de esa necesidad.

Dependencia al tabaco

La adicción al tabaco se produce por la nicotina, componente activo que actúa sobre el sistema nervioso central. Cada cigarro tiene más de 7 mil componentes químicos dañinos para el organismo. Anualmente, mueren 6 millones de personas; 5 millones consumen tabaco de manera directa y 600 mil son no fumadores expuestos al humo. Si esta tendencia se mantiene, para el 2030 el tabaco será la principal causa de muerte.

Te recomendamos este video

Hay varias enfermedades asociadas a la dependencia al tabaco, entre las principales están: enfisema, bronquitis, asma, ataques cardiacos, enfermedades cardiovasculares, daños cerebrovasculares, infertilidad, disfunción sexual, y cáncer de pulmón, boca, faringe, laringe, esófago, estómago, páncreas, cérvico-uterino, riñón y vesícula. La mayoría de estas enfermedades no se hacen evidentes a corto plazo por lo que los fumadores no acuden al Médico hasta que es demasiado tarde.

Lo social y lo emocional

La adicción al tabaco tiene un componente social y emocional. Usualmente, la adicción inicia en la preadolescencia y adolescencia, etapas de transición en las que los jóvenes pueden verse presionados para fumar si sus amigos lo hacen. La gente joven ve en el cigarro un medio para entrar al mundo adulto o para acercarse a algún círculo social. Con el paso del tiempo, el fumar se vuelve un conducta reforzada por la aceptación social; por otra parte, se le asocia con buenos momentos, con el éxito y con el placer inmediato. De esta manera, fumar se convierte en un hábito íntimo, el cigarro acompaña en los buenos y malos momentos al fumador y el cerebro recuerda esa asociación.

dependencia-al-tabaco-1

Ya que el principal fin de un fumador es encontrar una rápida satisfacción, puede ser difícil que renuncien a la adicción, a pesar de estar al tanto de sus efectos dañinos. Desde el momento en que se aspira el humo del cigarro transcurren sólo siete segundos para que la nicotina llegue al cerebro y se produzca abundante secreción de noradrenalina que activa la memoria y la atención; también se producen serotonina y endorfinas, responsables de la relajación y la felicidad y, finalmente, se produce dopamina, hormona que produce excitación y felicidad.

Los fumadores tratan de controlar sus emociones a través de la intensidad y frecuencia con la que fuman. Si se sienten desanimados buscan activarse con aspiraciones cortas y rápidas. Si hay tensión, las fumadas son profundas y largas para crear un efecto relajante. Las sensaciones de placer se perciben rápidamente, pero desaparecen a la misma velocidad, por lo que se despierta el deseo de fumar más y, en caso de no tener a la mano tabaco, llega la ansiedad y la irritabilidad. El cerebro detecta el placer de fumar la nicotina, pero también la ansiedad que produce no tenerla.

Emociones controladas

Los especialistas recomiendan que para dejar de fumar y controlar las emociones se tomen estas medidas:

-Realizar actividad física.

-Practicar técnicas de relajación como meditación, baños de tina o masajes.

Salir con amigos que no presionen a fumar.

-Practicar algún pasatiempo o actividad favorita.

-Hacer una lista de las cosas que disgustan y escribir cómo solucionarlas.

Inhalar hondo por la nariz y exhalar lentamente por la boca, en 10 ocasiones.

Comer saludable.

-Acudir a una terapia que ayude a controlar las emociones y guíe el camino para dejar la dependencia al tabaco.

 

Fuentes: Encuesta Nacional de Adicciones 2011; “Deja de fumar para siempre”. de Otmar Carewicz y Daniel B. Carewicz; Angélica Ocampo, Coordinadora de la Clínica contra el Tabaco del Hospital General de México; Gabriela Carrasco Viveros.